“Parece ser que el inconsciente tiene buena memoria, le gustan los nexos de familia y marca los sucesos importantes del ciclo de la vida por repetición de fecha o de edad: el síndrome de aniversario.” (Anne Schutzenberger)
El trabajo de Schützenberger se inspiró en los estudios previos de Josephine Hilgard, médica y psicóloga norteamericana que propuso una particular interpretación de las repeticiones de acontecimientos traumáticos. Hilgard puso especial atención en las circunstancias que se repetían en la misma edad o en la misma fecha y a estas repeticiones las llamó “síndrome de aniversario”.
Con respecto a este síndrome me gustaría compartir una anécdota.
María me escribe un texto para decirme que el día anterior había estado muy mal con un malestar general, descompuesta.
“Estuve tan mal, nunca el cuerpo me reaccionó de esta manera, un ataque al hígado, temblando de dolor de hígado. Lloraba del dolor de cabeza y del cuerpo. Nunca me pasan estas cosas y no entiendo lo que me estaba pasando”, me dice casi textual.
Yo le propongo que se pregunte que comió tres días antes de este ataque o que pasó tres días antes que ella no había podido digerir.
Dos días después me escribe diciéndome que el mismo día que ella estaba descompuesta, su hijo Lucca de 24 años había tenido un cuadro similar, con vómitos incluidos; tres días antes no había pasado nada, pero se le vino a la memoria algo que pasó hace 10 años.
Hace 10 años Lucca estaba recuperándose de un cáncer, estaba mejor, ya en casa como paciente ambulatorio y por esta fecha estando en su casa siente un dolor muy punzante, muy fuerte.
Los padres muertos de miedo llaman al médico, van a consulta y no pasa a mayores todo sale bien Lucca y sus padres vuelven a casa.
Síndrome de aniversario le digo; el inconsciente no tiene tiempo, no distingue entre pasado y presente; no distingue lo ficticio de lo real. El inconsciente revive el miedo, a través del cuerpo recuerda que sintió miedo, desamparo, terror.
Entonces, para cambiar este registro, le propongo agradecer a la vida porque Lucca está hoy con nosotros; a Lucca por ser un luchador, un guerrero que comprendió que no hace falta hacerse un cáncer para que lo vean, porque lo estamos viendo; y que se repita con convencimiento hasta que la más íntima de sus fibras pueda asimilar que todo está bien, que está en seguridad y que nada de este miedo es real.
Mónica Haefeli
Acompañante en Bioneuroemoción®