Si el dinero fuera…

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Autora Invitada: Ada Talentini

Hace ya unos meses que Francesca entró por primera vez por la puerta de mi despacho.

Es una bella mujer de unos 40 años, tiene una mirada inteligente y dulce.

El año pasado perdió a su padre y vino a pedirme ayuda para poder transitar este momento tan doloroso, buscaba un espacio seguro, de profunda escucha, en el cual se podía comprometer a atender todas aquellas emociones que piden con fuerza ser atendidas.

Ha sido y es un honor para mí ser testigo del despliegue de la fuerza y coraje de un ser humano que, a pesar de estar viviendo un dolor ancestral, se recoge, se compromete y con valentía está dispuesto a encarar las partes más oscuras, recónditas para conocerse, crecer y descubrir su verdadera esencia.

En uno de nuestros encuentros salió el tema del dinero, hablamos de su profesión y de su incomodidad en valorarse y respetarse, siente una desconexión atávica hacia la abundancia y prosperidad.

Viene de una familia que tuvo que trabajar duramente para ganarse el pan y el sacrificio era visto con respeto y admiración.

Su madre sufrió las consecuencias de una guerra mundial que puso de rodillas bajo todos los aspectos a toda Europa. En aquel entonces la prioridad era encontrar los medios de supervivencia, por esto en edad adulta se dedicó a ahorrar dinero y acumular objetos.

En cambio, su padre se quedó huérfano de madre con solo 13 años y tuvo una inmensa falta de alimento emocional. Tan grande fue esta falta que la intentó llenar con un excesivo perfeccionismo en el trabajo. Su objetivo no era ganar dinero, más bien buscaba el sentirse admirado y valorado por sus clientes. Todo era perfecto hasta el momento de hacer las cuentas, intentaba postergar el momento del pago por seguir disfrutando de este momento idílico entre él y sus admiradores, no podía soportar que alguien hablase de su profesionalidad y de el mismo con superficialidad e indiferencia.

Francesca sigue contándome que no tiene una buena relación con el dinero, su postura recostada hacia atrás me habla de alguien que se ha rendido a un destino que la condena a repetir el mismo modelo de sus padres.

Entonces yo le pregunto si en algún momento de su vida se había parado a pensar en el dinero como si fuera una persona y le digo: “¿y si el dinero fuera una persona, que relación tendría contigo?”.

Sus ojos se abren de par en par, aparece una expresión de interrogación en su rostro, empieza a examinar atentamente mi cara con la esperanza de encontrar algún indicio, alguna respuesta.

Espero un momento y con un tono tranquilizador sigo preguntando cómo se siente cuando habla de dinero, que palabras, adjetivos usa cuando se refiere a él, que sensaciones percibe cuando se habla de él.

Ella me confiesa que nunca lo había planteado de esa forma y que siempre se había referido a él con palabras muy duras del tipo, el dinero es sucio, cambia las personas, contamina las relaciones hasta romperlas, se gana con mucho sudor … Y muchas más definiciones cargadas de sufrimientos y carencia.

Sigo preguntando “¿Te gustaría oír alguien que hablara de ti de esta forma, irías a visitar a esta persona con alegría e ilusión? ¿cómo te sentiría entre al entrar en una casa donde por un lado te secuestran, te encierran por miedo a perderte y por otro lado te hacen sentir el aguafiestas de las relaciones?”

De repente su cara se ilumina, su creencia está allí delante de sus ojos lista para trascenderla, transformarla, entiende que el dinero responde a la idea que tenemos de él, simplemente es un medio para dar valor a las cosas y mide nuestras proyecciones internas, nos hace de espejo.

El dinero es energía y se rige por leyes universales, responde y se alinea a la energía, frecuencia, vibración de cada uno; esta fielmente en línea con nuestras creencias.

Nuestro tiempo casi se acaba, ha llegado la hora de despedirnos y tomar cita para el próximo encuentro, antes que se vaya le propongo un juego para cuando vuelva a casa.

Me gustaría que te tomes tu tiempo para ordenar estas informaciones y que cuando estés lista invitaras el dinero a cenar a tu casa, prepara algo con amor, viene un huésped importante. Ponte guapa para recibirle e y en vuestra intimidad cuéntale tu historia, de lo que te has dado cuenta y si puedes pídele disculpa para haberlo tratado con tanto rencor.  Vuelve a conectar con él con todo el respeto que se merece y que te mereces. Buen trabajo.

 

Ada Talentini
Acompañante en Bioneuroemoción®
Contacto: +34 62 258 63 03
adatalentini78@gmail.com

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