Retirarse a tiempo

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Gracias amiga por abrirme tu corazón y contarme experiencias
que han inspirado este texto. Con amor y respeto, siempre.

Dar y recibir es lo mismo. Es la misma energía. Cuántas veces habremos escuchado o pronunciado la frase: “Tarde o temprano, todo vuelve, se recibe lo que se da”. Modestamente aceptando que esto es verdad, sostengo que no está bien dejar a otros que nos hagan daño, porque cuando el otro reciba, va a recibir algo malo.

Durante mucho tiempo defendí la idea de que es un ahorro de energía no dejar que el otro nos haga daño, primero porque evitamos pasarla mal y segundo porque es un gesto de cuidado hacia el otro, para evitarle que reciba mal.

Luego, las vueltas de la vida me acercaron lecturas, cursos, formaciones gracias a los cuales comprendí que nadie nos hace nada, que lo que nos pasa tiene más que ver con nosotros mismos de lo que creemos: nos hacemos a través del otro.

Si alguien nos grita podemos preguntarnos en que faceta nos estamos gritando a nosotros mismos, si alguien nos maltrata, en qué no nos estamos tratando bien, si alguien nos engaña, en qué no estamos siendo fieles con nosotros mismos.

Por eso es muy sanador cuando decimos que no a algo o a alguien. A veces no nos aminamos o no sabemos cómo hacerlo, porque no nos enseñaron como decir no; no puedo, no quiero. O porque creemos que al decir no generamos un sufrimiento en el futuro. Escapar a este miedo de futuros sufrimientos nos lleva a un camino de paz aquí y ahora, en el presente, y la certeza de que siempre podemos corregir.

Somos libres de volver a elegir cuando nos hemos dejado engañar y de cambiar de parecer cuando nos hemos equivocado. Integrar la experiencia y darse un nuevo punto de partida, con el aprendizaje de lo vivido, de lo aprendido.

Muchas veces decir no, este juego no lo juego, es un gesto preventivo, de cuidado y cariño.

Aunque signifique romper, aunque resulte inevitable tirar muros, derrumbar lo construido, empezar de nuevo, sentir que nos quedamos sin referencias, está bien decir no; hasta acá llegamos.

Vale la pena porque, aunque lo vivamos como un desgarro, retirarse a tiempo puede ser uno de los gestos de amor más noble que tengamos con nosotros mismos.

Mónica Haefeli
Acompañante en Bioneuroemoción®

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