Almas Gemelas

Venimos a este mundo a aprender, a crecer, a evolucionar. Y para esto hacemos acuerdos previos, antes de venir pactamos con otras almas qué venimos a aprender y qué rol va a jugar cada uno.

“Gracias a una mirada, un sueño, un recuerdo o un sentimiento podemos llegar a reconocer a un alma gemela. Sus manos nos rozan o sus labios nos besan, y nuestra alma recobra vida súbitamente” dice Brian Weiss en su libro Lazos de amor.

Este contacto nos recuerda que ya hemos estado juntos, y que volveremos a vernos.

Aquí comparto tres historias que me confiaron.

Ana estaba en un banco, esperando su turno, haciendo un trámite banal.

Un chico entra al banco pasa a su lado y sigue hacia adentro, Ana tembló, una corriente eléctrica la atravesó, sintió una atracción irracional por ese desconocido, unos hilos invisibles se tensaban y lo atraían hacia él, todavía no sabe cómo se le acercó, le tocó un hombro y le pidió el teléfono, tenemos que hablar le dijo. Él accedió.

Un café y tres encuentros furtivos fueron más que suficientes para que ella descubra lo que es el amor, el sexo bien vivido y para darse cuenta de lo confundida que estaba en una relación aburrida e injusta que llevaba hace años. ¿Ver a una persona tres veces alcanza? Si, rotundamente sí.

No se vieron más, estos tres encuentros le dieron a ella la pista, entendió que no estaba donde debía estar, rompió la pareja que tenía, ordenó prioridades, salió a vivir desde otro lugar.

No se vieron más, no hacía falta, sus almas cumplieron el pacto preestablecido.

María estaba en un café, con la más firme intención de escribir un artículo. A pesar de tener la batería de la computadora completa sintió el impulso de enchufar el cargador, la mesa en la que estaba no tenía un tomacorriente a mano, se levanta para cambiar de mesa y se choca con un hombre que justo dejaba una mesa. Se tocan hombro con hombro, se miran, se reconocen, se alegran son amigos que hace 20 años no se veían.

Se funden en un abrazo que solo se separa para intercambiar los teléfonos. Vuelven a verse 20 años después y ya no hay vuelta atrás, no pueden vivir como antes, ambos están casados, con caminos andados, viendo mundo, pero ya nada es como antes, no pueden negar lo que les pasa, no pueden mentirse, no pueden negarse más.

El amor abre caminos. Ellos sí siguieron viéndose.

A veces las almas deciden no compartir esta vida, se las arreglan para encontrarse, pero no permanecen juntas, no es el momento, cada una tiene que aprender por su lado, el aprendizaje pasa por aprender con otras almas.

Ella lo conoce en una situación fortuita, un estrés que estaba viviendo le preocupaba tanto que no llegó a ver el chico que tenía adelante hasta que en un gesto distraído sus manos se rozan, ella tiembla entera, “es él”, se dice, “lo encontré. Acá estabas”.

Ella nunca más fue la misma, su vibración cambió ese día, su vibración cambia cada vez que él está cerca aun antes que ella pueda verlo.

Él no llegó a mirarla, en su propio escenario no había espacio para ella.

Va pasando el tiempo, meses, años. Ella un día se descompone y pasa un par de días muy enferma, de nada porque no sabe qué le pasa. Cuando se mejora y alguien le dice que él se había casado, entiende que su cuerpo supo lo que estaba pasando, él se había casado. La información vibró primero en su cuerpo, su alma supo lo que su mente aún ignoraba.

Ella decide salir a vivir, se casa, se separa, viaja, forma otra pareja, sale a ver mundo, abre su alma, se empapa de experiencias, pero ninguna puede destronar esa vibración.

Ella siente que tiene instalada una antena que lo detecta antes de verlo y que se lamenta cuando emite y no lo encuentra.

Ella sigue vibrando ¿hasta cuándo? Hasta que la antena deje de emitir esa señal. ¿Cuándo cambiará esa frecuencia? Cuando integre el pacto de esas almas. Cambiará la frecuencia cuando encuentre el pacto, o a él. Cuando lo encuentre.

Mónica Haefeli
Acompañante en Bioneuroemoción®

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