Cuenta la leyenda que un alto mando militar de Córdoba quiso agasajar a su hija y como regalo de bodas le ofreció una mesa. No era una mesa cualquiera, el pie tallado en madera era una obra de arte que talló un suboficial de aeronáutica que combinaba su carrera militar con sus talentos artísticos.
En septiembre de 1955 se produjo un golpe militar en Argentina, la Libertadora, y junto con la Libertadora, la Resistencia. Sigue contando la leyenda que este suboficial se pronuncia y se alinea con la Resistencia. Queda entonces detenido o retenido no sé exactamente la palabra que usaban para nombrar a los militares privados de libertad por posicionarse como leales a la democracia. Queda retenido en el cuartel, aislado, alejado de su familia. Pasa frío, hambre, pasa por pabellones de tortura, pasa miedo.
Una madrugada lo sacan de la celda para llevarlo al pabellón de fusilamiento y el responsable de dar la orden de disparo era ese agraciado alto mando militar que había regalado una mesa a su hija el día de su boda.
“Usted no Moreno. Usted se queda.” … El arte lo salvó, su arte lo salvó.
El Juan se salvó del pabellón de fusilamiento, con el tiempo volvió a su casa, vio crecer sus hijas, conoció y se enamoró de Misiones, la de la tierra roja. Volvió, vio nacer a sus nietos.
Recuerdo una mañana a fines de los ’70 al Juan llegando a casa y decirle a mi mamá: tu hermana está en Suecia. Todavía no sé qué vi en su cara. La niña vio un gesto raro, una mezcla de alivio de tener noticias y una incertidumbre de cómo sería el exilio de su hija, como si le hubieran arrancado un brazo.
Luego Juan se instaló en Misiones y regresó a Córdoba para enterrar a sus hermanas y ver nacer sus bisnietos, para ver en ellos la vida renovada, actualizada.
El Juan no confiaba en los médicos, tomaba tés de yuyos y decía que lo que tenía no se curaba. Se fue encerrando, cortando puentes con esta realidad, infantilizando gestos y congelándose en recuerdos, como los del patio de casa cuando era chico o “el cuartel”.
Juan vio irse a mucha gente de su vida, algunos muy pronto, otros muy lejos. La vida y sus ritmos de llegadas y partidas, vivir para ver llegar y partir a la gente, nuestra gente.
Mónica Haefeli
Acompañante en Bioneuroemoción®